Si alguien te dijera que los videojuegos pueden ayudar a los niños/as a aprender sobre huertos escolares, ¿le creerías? Puede sonar raro, pero la combinación de tecnología y educación al aire libre no solo es posible, sino que está revolucionando la forma en que los niños/as se acercan a la naturaleza. Vamos a hacer un viaje por la historia para descubrir cómo llegamos hasta aquí.
Nivel 1: Los videojuegos entran en las aulas (y no, no solo para jugar a escondidas)
La idea de usar videojuegos con fines educativos no es nueva. Ya en los años 80, títulos como The Oregon Trailenseñaban historia de forma interactiva (y de paso nos mostraban que morir de disentería era más fácil de lo que parecía). En los 90, Carmen Sandiego convirtió la geografía en un juego de detectives, y SimCity nos hizo alcaldes antes de que supiéramos lo que era pagar impuestos.
Pero mientras las matemáticas, la historia y la ciencia encontraban su lugar en los videojuegos, el aprendizaje sobre la naturaleza y la agroecología tardó un poco más en subirse a este tren digital.
Nivel 2: De la pantalla al huerto (y viceversa)
Los huertos escolares son una herramienta increíble para la educación: permiten que los estudiantes aprendan ciencia, sostenibilidad y alimentación saludable de forma práctica. Sin embargo, no siempre es fácil captar su atención. Ahí es donde los videojuegos entran en escena.
Títulos como Minecraft: Education Edition han permitido al alumnado experimentar con la agricultura en un mundo digital antes de aplicarlo en la vida real. Otros, como FarmVille, despertaron el interés por la jardinería y la producción de alimentos, aunque en muchos casos más por la adicción a cosechar en el momento justo que por un interés genuino en la agroecología.
Pero… ¿y si existiera un videojuego diseñado específicamente para conectar el aprendizaje digital con la experiencia real en un huerto escolar?
Nivel 3: The GreenGame, donde jugar y ensuciarse las manos van de la mano
Aquí es donde The GreenGame cambia las reglas del juego. No es un simulador de huerta donde solo plantas y cosechas en una pantalla. Su enfoque es totalmente diferente: usa el videojuego como punto de partida para introducir a niños y niñas en un tema clave del cultivo agroecológico, pero la verdadera experiencia ocurre cuando salen al huerto escolar y lo aplican en la vida real.
Imagina que los alumnos/as aprenden en el videojuego sobre la importancia del suelo para las plantas. En lugar de quedarse en la teoría, pasan al huerto escolar, donde analizan la textura de la tierra, experimentan con distintos métodos para mejorar su fertilidad y descubren la fauna que vive en ella. Después, vuelven al juego y deben superar una evaluación para demostrar lo aprendido antes de avanzar de nivel.
Este modelo híbrido combina lo mejor de ambos mundos: la motivación y la interactividad del videojuego con el aprendizaje experiencial y tangible del huerto. De esta manera, no solo aprenden jugando, sino que realmente aplican los conocimientos en su entorno.
Bonus Level: El futuro de la educación es digital… y también muy verde
La combinación de videojuegos y educación ambiental está solo empezando. Con tecnologías como la realidad aumentada y la inteligencia artificial, es posible que pronto los niños/as puedan identificar plantas o plagas con su móvil mientras trabajan en el huerto o recibir retos personalizados según su progreso en el juego.
Mientras tanto, The GreenGame ya está demostrando que el aprendizaje no tiene por qué ser una elección entre lo digital y lo real. Se puede aprender jugando y ensuciándose las manos, porque, después de todo, la mejor manera de entender cómo crece una planta sigue siendo verla crecer.